• Pip: Chaspalindes, Cazando Pensamientos — un sitio donde la lluvia moja, el sol quema y las serpientes resultan ser metáforas. Bienvenidos.

    Mara: Hoy recorremos los textos de Fran Cisco sobre el paisaje interior: sensaciones que van de la lluvia de otoño a la luz que ciega, pasando por lo que ocurre cuando te paras a escucharte de verdad.

    Pip: Empecemos por las lluvias, los soles y las sierpes.

    Paisajes de sensaciones, latidos y luz

    Mara: Estos textos parten de una misma pregunta: ¿qué hace el cuerpo y la mente cuando una sensación te atraviesa de verdad? No la sensación como concepto, sino como algo que ocurre ahora, en esta tarde, con este olor, con esta música.

    Pip: Y la respuesta en "Día trescientos nueve. Lluvias" llega antes de que el texto te avise. El arranque es físico, casi clínico: "Temblando, temblores muy suaves, tranquilos y que me gusta cómo me recuerdan mi fragilidad."

    Mara: La fragilidad aquí no es debilidad — es señal de que algo real está pasando. El texto construye encima de ese temblor: el aire que levanta la lluvia, la mirada cerrada que traspasa fronteras, la mano que aprieta y dice en silencio que no estás solo.

    Pip: Hay algo en ese pan con aceite y jamón que aparece sin pedirlo que resulta más elocuente que cualquier declaración. La escena entera funciona porque no explica nada.

    Mara: Y termina con una imagen que lo sostiene todo: latidos que pelean por enredarse donde no deben, donde no pueden habitar. La lluvia como marco de lo que no puede decirse directamente.

    Pip: "Día trescientos 0cho. Soles" va al polo opuesto — aunque el destino es el mismo territorio emocional. Aquí la energía es expansiva, casi violenta: luz que irradia, llamas que alimentan, el pirómano del amanecer.

    Mara: La imagen central es la del sol enjaulado — y la pregunta que lanza el texto es directa: "¿Qué sentido tiene esconder su fulgor al resto de aquellos que caminan entre días vulgares, quejumbrosos?" La respuesta implícita es que cuidar a quien lleva luz dentro es una obligación, no una opción.

    Pip: Y después de la combustión, vuelve la calma. El olor de los pinos, la sal sobre la piel. El ciclo completo.

    Mara: "Día trescientos siete. Sierpes" es quizás el más quieto de los tres. Propone algo sencillo y difícil a la vez: que todo lo que sientes pasa por el filtro de quién eres en ese momento exacto, y que el resultado — paz, dolor, nostalgia, alegría — es siempre válido.

    Pip: Y luego pide que te pares un minuto y escuches. No la canción que pone. A ti.

    Mara: Esa pequeña trampa — el silencio fingido antes de la segunda canción — resume bien lo que hacen los tres textos: preparar el espacio para que algo aterrice.


    Pip: Lluvia, sol, sierpes — resulta que el tiempo atmosférico interior tiene más matices que el del parte meteorológico.

    Mara: Y los tres coinciden en lo mismo: la sensación no se analiza, se habita. Hasta la próxima.

  • Temblando, temblores muy suaves, tranquilos y que me gusta cómo me recuerdan mi fragilidad.

    Mirada, miradas cerradas, que traspasan fronteras que desaparecen, y se mezclan con el olor al alargar el brazo hasta la mesa.

    Aire, que levanta la lluvia, y el abrazo silencioso al pasar cerca, al girar el cuello, al cruzar de nuevo la mirada cerrada, que comprende que si los abres, mueres deshecho de tanto por dar.

    Lluvia cayendo con fuerza sobre una acera de adoquines, con dos tutores de madera en primer plano
    Llueve

    Y el pan, con aceite, y un poco de jamón, que aparece sin pedirlo a mi lado, cuando otra mirada abierta me ve rodar una lágrima y cuando pregunta, respondo con un silencioso: todo está bien.

    Y te agarra la mano, y te aprieta, y te dice no estás solo y que te quiero callado y hablando, y necesito que lo sientas.

    Fondo de un vaso de café casi vacío, con restos de crema dorada en el cristal

    Y cada nota, suena y moja, y cae, y te recuerda, y admiras y no quieres que pare de llover, en esta tarde de otoño que suena a todo lo que no es un adiós y se empeña en encerrar latidos que pelean por querer enredarse allá donde no deben, donde no pueden habitar.

    Dies irae

  • Pip: Chaspalindes, Cazando Pensamientos — el blog donde la luz, el latido y la espera se convierten en algo que vale la pena escuchar.

    Mara: Hoy recorremos las entradas recientes de Fran Cisco: la luz que obliga a brillar, la reacción que nace de sentir, y ese tiempo intermedio donde, resulta, ocurre todo. Empecemos por la luz y sus destellos.

    Luz Y Destellos

    Pip: Hay personas que llevan el sol dentro, y la pregunta que abre esta entrada es qué sentido tiene esconderlo, especialmente ante quienes caminan entre días grises y repetidos.

    Mara: El texto lo dice sin rodeos: «Sol en una jaula, imposible. ¿Que sentido tiene esconder su fulgor al resto de aquellos que caminan entre días vulgares, quejumbrosos?»

    Pip: El argumento es que encerrar esa energía no protege a nadie — ni a quien la lleva dentro ni a quienes necesitan ser deslumbrados para entender que existe algo más allá de lo cotidiano.

    Mara: Y la entrada no se queda en la metáfora solar. Termina con una imagen de luna y luna reflejando al sol: acompañar, amplificar, cuidar el milagro de quien lleva esa luz, sin consumirla. «Ahora levántate y brilla, y déjame ser tu luna.» Eso es lo que propone el texto como deber.

    Pip: Del brillo exterior al pulso interior — que es exactamente donde nos lleva lo siguiente.

    Latido Y Reacción

    Mara: La entrada Día trescientos siete, Sierpes, parte de una idea sencilla pero precisa: todo lo que sientes pasa primero por lo que eres, por cómo estás en ese momento concreto.

    Pip: Y el resultado es ese destilado que el texto llama latido — que puede ser paz, risa, nostalgia, dolor o amor, según el día.

    Mara: La entrada lo formula así: «Todo lo que sientes pasa por ti, quiero decir, por tu ser, por como eres, te sientes, por tu día. Y del destilado calidoscópico sale el momento y la reacción en forma de latido.»

    Pip: Lo de calidoscópico es exacto — cada momento filtra la misma experiencia de manera distinta, y el texto pide algo concreto: parar un minuto y escucharse, no escuchar la canción.

    Mara: Sí, y el cierre lo subraya con esa imagen del bosque en llamas y las hojas anunciando el otoño — la memoria que arde y la estación que cambia. Sentir, en definitiva, como estado activo. Eso conecta bien con lo que viene.

    Entre La Espera Y El Tránsito

    Mara: La entrada Día trescientos seis, Entre, plantea algo que tendemos a ignorar: el tiempo de espera no es tiempo vacío. Es, en realidad, donde ocurre la vida.

    Pip: La trampa habitual es mirar hacia donde va a llegar el tren — literal o figurado — y perder todo lo que sucede mientras tanto.

    Mara: El texto lo dice con una claridad que no da mucho margen: «Porque es, entre que llegas y vas, donde transcurre todo lo que cabe en la Vida.»

    Pip: Y no lo ilustra con grandes eventos. Lo ilustra con cosas pequeñas y concretas — el café que sale, el viento que huele, el grillo que sueña, el sudor que cae, el recuerdo que aparece.

    Mara: Eso es lo importante del argumento: no propone que la espera sea productiva en el sentido de aprovecharla para algo. Propone que ya está pasando algo, siempre, sin que tengamos que hacer nada especial para merecerlo.

    Pip: Hay algo casi subversivo en eso — insistir en que el tiempo regalado para vivir no necesita un destino concreto para tener sentido. El tránsito es el contenido, no el envase.

    Mara: Y el texto cierra con una instrucción breve que resume todo el recorrido de estas entradas: «Vive y sé, siempre.» Sin condiciones ni destino fijo.

    Pip: Luz que no se esconde, latido que se escucha, y vida que ocurre en el entre. Tres formas distintas de decir lo mismo con diferente temperatura.


    Mara: Brillar, sentir, esperar — el hilo de estas entradas es que ninguna de las tres cosas necesita justificarse.

    Pip: La próxima vez veremos qué más caza este blog entre pensamientos. Hasta entonces, escúchate.

  • Día trescientos 0cho. Soles

    James Blunt. «Beatiful». Destellos y detalles. Soles atrapados y estrellas fulgurantes de brillo cegador. Energía comprimida en forma de Luz que irradia en todas direcciones, mientas su interior se consume hasta el momento final.

    Sol en una jaula, imposible. ¿Que sentido tiene esconder su fulgor al resto de aquellos que caminan entre días vulgares, quejumbrosos?. Empeñados en mantenerse dentro de un bucle, necesita ser deslumbrados para entender que hay mucho más allá del tiempo que llenamos con lo que «sea».

    Y… si encima el rayo roza al pirómano del amanecer, el loco por prender y alimentar llamas que le alimenten con la excusa razonable de que todo llegue más allá de su Alma, y alcance a los de antes, a los que empeñados en no levantar el paseo del suelo, y finalmente despierten a su sombra.

    Al final, es tomar consciencia y dejarse arrasar por la explosión, y que el mismo incendiario se consuma en su renacer, cual ave Fénix.

    Luego vuelve la calma, el olor de los pinos y la lluvia, la sal sobre la piel, y los recuerdos calmos que brotan tras las lágrimas necesarias. Aquellas que ayudaron a la combustión y despertaron la libertad de entender y gritar, que la Luz de Sol debe brillar, que amplificarla es bueno, y que cuidar el milagro de aquellos que lo llevan dentro, es deber obligado. Pero cuidar, pero a ellos. Acompañar, y prestar la parte que corresponda, la necesaria.
    Farole

    El día necesita tanto la noche, como el sentido a la luna que refleja y calma la Vida, arropadada bajo el manto de estrellas lejanas. Tantos soles como huecos que iluminar.

    Ahora levántate y brilla, y déjame ser tu luna.

    Ahora levántate y brilla, y déjame ser tu luna.

  • Todo lo que sientes pasa por ti, quiero decir, por tu ser, por como eres, te sientes, por tu día. Y del destilado calidoscópico sale el momento y la reacción en forma de latido.

    Este no hace más que llenarte de mil posibles estados: Paz, risa, emoción, pena, alegría, nostalgia, tristeza, esperanza, dolor, Amor, Vida.

    Y eso es bueno, y además se acompaña con suspiros y respiraciones.

    A veces, cuando te quedas en el momento las oyes resonar dentro de ti (las respiraciones).

    Son muy agradables, eres tu en estado “vivo”, el que también además, te dejas escribir, y muchas cosas más, como mirar una canción, sentir una foto, llorar con un bosque o saborear una flor.

    Lo normal, es que mientras haces esto, bien estes en este mi lado o en el tuyo leyendo, que te pares un minuto y escuches ……….

    … no, no era para que escuches esta canción, era para escucharte tu.

    Ardió mi memoria y el mundo bosque en llamas… Ardió mi memoria. Y las hojas, anuncian el otoño.

  • Día trescientos seis. Entre

    Entre lo que vas y llegas, pasan cosas. Tú piensas que llegas tarde a algo que tiene su hora.

    Las esperas, esas que crees que no quieres, ese tiempo que parece que solo es importante para mirar en la parada hacia donde crees que aparecerá tu tren, tu bus, tu coche, … tus deseos.

    Pero si, también lo que esperas se mueve, y también su segundero, y el de los que van abordo. Quizás andan pensando en llegar a otro destino cuanto antes para estar a tiempo, para no tener que pensar.

    Porque es, entre que llegas y vas, donde transcurre todo lo que cabe en la Vida.

    El camino entre

    Crecen las flores, despiertan los estorninos, sueña un grillo, colocas las mesas, sale el café, huele el viento, brillan las estrellas, cae el sudor, recuerdas aquello, o te da por escribir un chaspalindes.

    El Camino

    Así es entre lo que sea. Sí. Siempre pasan cosas, como por ejemplo el tiempo que nos han regalado para vivir mientras llegamos a donde sea.

    Vive y sé, siempre.

  • Pip: Chaspalindes, Cazando Pensamientos — donde los días se numeran como si el tiempo fuera un proyecto con fecha de entrega, y los pensamientos se cazan antes de que escapen.

    Mara: Esta semana Fran Cisco nos deja tres entradas que orbitan alrededor de dos territorios: el deseo como identidad propia, y la rutina cotidiana como espejo de lo que importa. Empecemos por el deseo.

    Woman smiling with butterflies in a wildflower meadow at sunset

    Deseo e identidad

    Pip: El territorio aquí es la tensión entre lo que uno desea y lo que uno proyecta al mundo — si hay coherencia entre ambos, o si vivimos actuando en un escenario que alguien más decoró.

    Mara: El post sobre el deseo lo planta desde el principio con una imagen muy concreta: «Te regalo un deseo con sueños al aire, mirada al cielo, ojos de ilusión. Cerrados o abiertos, pero piénsalo bien, porque no es un deseo suelto, es del instante y al vaivén de las alas de mariposa.»

    Pip: El deseo no flota libre — está anclado al instante, es frágil como una mariposa, y lleva consigo todo un universo de latidos. No es un capricho, es una declaración de quién eres en ese momento exacto.

    Mara: Y eso conecta directamente con el segundo texto, el de la proyección, que da la vuelta a la misma pregunta: ¿qué pasa cuando lo que proyectas no te representa? Hay una frase que lo resume sin rodeos: «Te delata la elocuencia de sentimiento real, que sale, que muestra el atisbo de ti, de lo que corre por tus recovecos. Lo que te mantiene vivo.»

    Pip: Así que el disfraz tiene fecha de caducidad. Por mucho atrezo y telón, el sentimiento auténtico termina filtrándose.

    Mara: Exacto. Y la propuesta del texto sobre proyección es radical en su sencillez: no vivir para el público, sino compartir vida desde el propio centro. «Porque no vivimos para nadie, compartimos vida con todos, pero sobre todo contigo, conmigo, con me.»

    Pip: Pintar tu monigote simplón y disfrutarlo — eso es el antídoto al escenario de cartón piedra.

    Mara: Los dos textos juntos trazan un arco: el deseo nace del latido propio, y la proyección auténtica es la única forma de que ese deseo llegue a otros sin perder forma en el camino.

    Pip: De la identidad en vuelo libre, pasamos a ver qué pasa cuando la identidad aterriza en un martes cualquiera con resaca de jengibre.

    Rutina y resaca

    Mara: El texto sobre los centenios es un diario de un día aparentemente menor — sin despertador, con un ligero dolor de cabeza — que acaba siendo un inventario de pequeñas presencias. La frase que lo vertebra viene de una canción que suena casi por descuido: «Te doy mi tiempo, llevas momentos que se guardan en el centro, de mi alma, en silencio, plenamente yo te ruego, que perduren, por centenios.»

    Pip: Lo que importa no es el día grande, sino el bocadillo hecho con cariño, el perro de 44 kilos con sonrisa honesta, y la mujer del metro con la falda vaporosa.

    Mara: La rutina, aquí, no es el enemigo de la vida plena — es el tejido donde aparecen las luces que, como dice el texto, «equilibran vacíos.»


    Pip: Deseo, identidad, rutina — todo apunta al mismo sitio: que la vida ocurre en los instantes pequeños, no en los escenarios grandes.

    Mara: Y que la única forma de no desperdiciarla es, sencillamente, estar. Hasta la próxima caza.

  • A veces te despierta un destello. Un haz de inquietud que se busca paso entre un descuido y te deslumbra.

    Te das cuenta que esa canción no es la que tú quieres, que la camisa no habla de ti, o que este olor o ese lápiz no quedan bien en el escenario.

    Porque sí, te ciega el foco del tablao, con su fondo bien decorado y el atrezo fingiendo ser algo más que cartón piedra.

    No, no te puedes sentar, no puedes hablar de ciencias infusas o complejos algoritmos. Te delata la elocuencia de sentimiento real, que sale, que muestra el atisbo de ti, de lo que corre por tus recovecos. Lo que te mantiene vivo.

    Hay que ser, hay que estar tal cual.

    Tienes que escuchar el silencio de tu canción del momento, o quedarte con la camiseta del ojo, o la silla maltrecha que tanto te recuerda.

    Tienes que pintar tu monigote simplón y disfrutar de saber que nació de ti, de tu tal cual, sin que le tenga que gustar al público, …

    Porque no vivimos para nadie, compartimos vida con todos, pero sobre todo contigo, conmigo, con me. Y eso, no requiere ni escenarios, telones o decoración a medida, solo tienes que ser, tú.

    Vive para ti, y brillarás… y si, también lo harás para los que quieran ver tu Luz.

  • Te regalo un deseo con sueños al aire, mirada al cielo, ojos de ilusión. Cerrados o abiertos, pero piénsalo bien, porque no es un deseo suelto, es del instante y al vaivén de las alas de mariposa.

    No está solo, lleva detrás, al lado o arriba, tantos como estrellas. Todos nacidos de latidos. De acá y de allá.

    Y cuado el tuyo alce el sueño, por un instante se pierde la balanza, y es cuando uno nuevo nace y otro diente de león, impaciente, ocupa la ilusión de un nuevo Alma. Espera sin saber, el día que compartas l aquella mirada, esa sonrisa y el pensamiento nacido de la Pura Vida, del sentir, del Amor.

    Ahora, confía

  • Pip: Chaspalindes, Cazando Pensamientos — donde la luna sale sin avisar y el tren de las seis te deja con más preguntas que respuestas.

    Mara: Hoy repasamos lo que Fran Cisco ha estado escribiendo: reflexiones sobre el tiempo, los contrastes del día a día, y la tristeza que a veces llega sin motivo claro y se queda más de lo previsto.

    Pip: Empecemos por la vida misma, que parece el lugar más lógico.

    Reflexiones Sobre La Vida

    Mara: Estos textos parten de una pregunta que no se formula del todo: qué significa prestar atención cuando el mundo insiste en que mires hacia donde señala.

    Pip: Y la respuesta llega desde el vagón de un tren, con una voz que llora la muerte de un desconocido y un adolescente con prótesis tatuada de flores que solo quiere ver la luna.

    Mara: Ahí está la tensión central del primero de estos textos. La entrada comienza así: «La Vida pende de nada, hasta el punto que es libre de transformarse en un instante en forma u obra, en piedra o cosa, en aire puro, en agua, en pena y existencia.»

    Pip: Lo que eso significa en la práctica es que cualquier trayecto ordinario puede contener la muerte de alguien y la maravilla de alguien más, al mismo tiempo, sin aviso.

    Mara: Y el texto lo resuelve de forma inesperada: no con la foto de la luna azul, roja e irrepetible, sino sin ella. La cámara aparcada, el momento vivido a otro ritmo. Como dice el propio texto: «siempre tan único como cualquier otro, exclusivo, y con su sitio en tu Vida.»

    Pip: Renunciar a la foto de la luna del siglo para escuchar el silencio del túnel donde alguien decidió no mirarla. Eso no es desapego zen, es honestidad incómoda.

    Mara: El segundo texto, Sirio, trabaja el mismo territorio desde otro ángulo. Aquí la pregunta es si el azar existe, y la respuesta es que no: «Cosechando casualidades, empiezas a imaginar que las cosas funcionan de aquella manera. Nada es azar, todo sucede por una acción y su reacción.»

    Pip: La mariposa, el estanque, los nenúfares. La metáfora se despliega con calma y llega a una conclusión práctica: construye las mejores reacciones que puedas, porque viajan más lejos de lo que imaginas.

    Mara: Ambos textos comparten esa misma ética silenciosa: suma, no restes. Presta atención, aunque no saques nada en la cámara.

    Pip: Y si la tristeza llega de todas formas, eso nos lleva al siguiente tramo.

    Música Y Melancolía

    Mara: Este texto no explica la tristeza ni la justifica. La describe desde dentro, con la precisión de quien la está viviendo mientras escribe.

    Pip: El título lo dice todo: Tristeza. Y la apertura no engaña: «Canciones tranquilas, y letras que arañan. Íntimas, sinceras, tristes, pero… todo tiene su cabida, y no está mal caer para tener la oportunidad de aprender.»

    Mara: Lo que eso significa es que el texto no busca consuelo rápido. La espalda hundida, los ojos a flor de lágrima, la música de la noche que agobia aunque no diga nada concreto. Todo se magnifica, y la luna acaba siendo la culpable de turno.

    Pip: Culpar a la luna es, curiosamente, lo más razonable que uno puede hacer a las tres de la madrugada.

    Mara: El texto cierra con una frase que condensa todo: «Miedo a ser feliz. Quizás.» No es un diagnóstico, es una pregunta que se deja abierta adrede.


    Pip: Vida que pende de nada, azar que no existe, y tristeza que quizás es solo cansancio acumulado. No está mal para un par de trayectos en tren.

    Mara: La próxima vez, veremos hacia dónde apunta la mirada cuando el camino se despeja un poco.